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La innovación, transformando regionalmente el conocimiento en competitividad

Juan José Goñi Zabala
Ibermática S.A.


Si hoy tuviéramos que destacar una circunstancia común que envuelve a cualquier organización o entorno de relaciones económicas, seguramente nos decantaríamos por la presencia de cambios permanentes a los que se debe dar respuesta. “El progreso consiste en el cambio” en palabras de Miguel de Unamuno ya nos anunciaba esta relación entre los cambios y su posterior decantación en progreso.

 

Desde esta sensación de movimiento y de alteración de las circunstancias externas a las organizaciones, se apela constantemente a la innovación como la forma de responder certeramente a estas nuevas situaciones. Se supone que actuando con la diligencia adecuada y a veces con la anticipación suficiente, se puede responder a tiempo y certeramente incorporando cambios uno tras otro. La percepción de incertidumbre como algo pasajero va quedando atrás y la situación consolidada de cambios continuos parece quedarse instalada entre todos.

 

Y entre estos cambios que bajo el término de globalización vamos a vivir mas intensamente, está el desplazamiento de las capacidades productivas hacia los nuevos intervinientes en los mercados. Se confundían quienes decían que China era un gran Mercado, mas bien es una inmensa Fábrica, que dota de dimensiones inéditas a las capacidades de producción en un momento de la economía, donde los límites productivos no son ya un problema. Estos acontecimientos nos desfiguran a las industrias convencionales y no hay otra forma de entender la respuesta que a través de la innovación, acelerando el proceso de transformación del conocimiento y saber hacer acumulado, en nuevos productos y servicios. Estas nuevas necesidades son también fruto de los cambios que viven los mercados, de los avatares geopolíticos, de las nuevas composiciones socioeconómicas de la población y de la incorporación de nuevos hábitos de vida.

 

Se nos presentan amenazas serias y oportunidades difusas, el horizonte se hace menos preciso y la incertidumbre aumenta, por lo que es esencial retomar las fortalezas de las capacidades tecnológicas y organizativas para repensar con una nueva solidez el camino de la aplicación del conocimiento para innovar. La Innovación Regional es el nuevo instrumento de competitividad, como lo pudieron ser las infraestructuras físicas o la presencia de recursos naturales en el siglo pasado.

 

Este es sin duda el gran paradigma a asimilar, consistente en un nuevo marco empresarial de gestión y operación, donde la incertidumbre, el riesgo, la colaboración para investigar, las asociaciones o clusters empresariales, la colaboración pública privada, las redes empresariales para innovar son mas necesarias que nunca, y donde las oportunidades si se está en esta nueva ola están más y más presentes en lo cotidiano. Los planes ampulosos, que aseguren la acción en un periodo más o menos largo de tiempo, pierden credibilidad, y los instrumentos de gestión deben cambiar hacia formas más dinámicas de acción y reacción. Las empresas se especializan, compiten y cooperan, se diversifican partiendo de sus competencias y crean nuevas alianzas en espacios dinámicos de mercados que a su vez se liberalizan y se extienden por diferentes territorios y países. Este fenómeno de la multiplicidad de escenarios de mercado, de alternativas en la producción de productos y servicios, y de transformación continua de los procesos productivos a través de diversos canales de comercialización, parece generar un caos que incomoda y donde hay pocos referentes estables y sólidos a los que asir la empresa, para  desde ellos mantener un rumbo consistente conviviendo con circunstancias cambiantes.

 

Uno de estos referentes que empieza a ser cada vez más empírico, por cuanto lo estamos experimentando día a día, es que el valor de los recursos empresariales se desplazan desde los activos materiales, hacia los inmateriales tales como la marca, las alianzas operativas, la tecnología aplicable, el conocimiento, la vinculación con los clientes, y la capacidad de innovar como valores de garantía de cara al futuro.

 

Y de entre estos intangibles, todos ellos muy importantes, vamos a referirnos a la innovación y a su relación con el futuro de las organizaciones. Una organización empresarial es un colectivo humano que desarrolla actividades de valor a intercambiar con todos los agentes que la rodean, bien sean clientes, proveedores, accionistas, empleados y entorno social próximo. Y del valor creciente de estos intercambios en forma de productos, servicios, información, resultados, ... depende la continuidad de la empresa. La empresa se mantiene por lo que hace e intercambia cada día, pero garantiza su futuro por lo que sabe hacer y como es capaz de aplicarlo a lo nuevo, es decir por su capacidad de innovar. Lo que se hace hoy y lo que se sabe hacer para aplicarlo en lo nuevo, son las dos caras de la moneda del valor de una empresa. Explotar el saber hacer es el camino para transformarse, que no es otra cosa que innovar dando valor a futuro al conocimiento que se posee en la actualidad.

 

En esencia el conocimiento en la empresa sirve para cambiar o, como diríamos más acertadamente, para innovar. Una organización es siempre depositaria de un conocimiento, aunque no siempre sabe identificarlo y valorarlo en su medida, y también necesitada de nuevos conocimientos. La sistematización del conocimiento disponible nos permite percibir y apreciar el nuevo significado posible de su uso en diversos procesos de producción o de servicios, y nos sirve también para detectar las necesidades previsibles de nuevo conocimiento. El dominio y desarrollo de los conocimientos constituye el sustrato básico para la innovación. La innovación siempre está situada entre el conocimiento y la competitividad, y a través de su mutua interacción dinámica a lo largo del tiempo, la empresa se desenvuelve y progresa.

 

Pero en la ecuación de la innovación no basta con el añadir saber sobre el ya acumulado, sino que el preciso descubrir como aplicarlo con inteligencia a lo nuevo, a aquello que se está desarrollando y va tomando dimensión de nuevo mercado en los hábitos de los clientes sean estos ciudadanos o empresas. La apertura al exterior y la capacidad de ver la aplicabilidad de los conocimientos requiere de un tejido empresarial innovador y donde el espíritu emprendedor esté bien acogido y sea socialmente remunerado, por lo que significa en la creación de riqueza y valor para la economía de una región. Esta tarea de afrontar la innovación como una competencia de las organizaciones no se construye de forma aislada de empresa en empresa, son mas bien los sistemas de innovación regional los que van tejiendo un espacio propicio para la innovación empresarial en un esfuerzo colectivo de centros de educación, consultores, centros de investigación, proveedores de tecnología, asociaciones de empresas y centros de innovación con la colaboración precisa del sector público. La innovación es cosa de todos los agentes de un territorio, y donde la acción que lleva al éxito está mas cerca de la cultura de un equipo que de la iniciativa aislada e  individual, ya sea en sus facetas  que corresponden al sector público o privado.

 

 

Autor:

 

Juan José Goñi Zabala.- Doctor Ingeniero Industrial

 Director.Innovación y Proyectos Estratégicos I B E R M A T I C A 

  

 mailto:  jj.goni@ibermatica.com    www.ibermatica.com

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© Juan José Goñi Zabala, 25/09/2003.
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