| SOL
Y GESTIONDELCONOCIMIENTO.COM
¿Para
qué la SOL en Gestiondelconocimiento.com?
Septiembre
de 2000
Carlos Herreros
La
clave para que una compañía tenga éxito en un mundo cambiante no
está sólo en la "Gestión del Conocimiento" sino en la
“Generación del Conocimiento”. Aprendiendo del pasado sin estar
maniatado por él, el pensador creativo busca constantemente no lo
que ha venido siendo útil sino lo que el presente necesita [1]
Sostenemos
que el aprendizaje organizativo continuo es la clave para asegurar
la supervivencia y el éxito de las empresas y , por ello, forma
parte fundamental de la estrategia corporativa.
Pero,
¿de verdad, en qué consiste la estrategia? A pesar de la
importancia obvia de una estrategia excelente para el éxito de la
organización, y de décadas de investigación académica sobre esta
cuestión, los estudiosos no están muy de acuerdo acerca de lo que
es la estrategia. Desde la estrategia como posicionamiento a la
estrategia como visión, existe una diversidad de definiciones todas
ellas con la pretensión de legitimidad. La falta de una definición
aceptable ha abierto el camino de la invasión de esloganes
“sexy” y de conceptos que no hacen sino añadir confusión y una
cierta sensación de incertidumbre. No es extraño, pues, que en un
reciente editorial de “The Economist” se afirmara que nadie sabe
de verdad en qué consiste la estrategia.
No
son los académicos los únicos que no lo saben. Si preguntáramos a
muchos consultores y ejecutivos, nos contestarían diciendo que la
estrategia es la forma en que hay que actuar para lograr los
objetivos de la empresa. Esta definición es correcta pero tan
general que carece de significado. Se puede poner todo bajo este
paraguas de forma que se convierte en un lugar común. No hace falta
recalcar que este estado de cosas es insatisfactorio. Quizá haya
pocos ejemplos para probarlo como que en Noviembre de 1996 el académico
más prominente en
la disciplina estratégica, Michael Porter, publicara en la Harvard
Business Review un artículo titulado “¿Qué es estrategia?”. A
los pocos meses, el otro gran estratega mundial, Gary Hamel,
publicaba en la misma revista “En búsqueda de la estrategia”.
Todo esto ocurría después de haber dedicado más de 40 años a
estudiar e investigar esta cuestión y prueba que existe un alto
grado de confusión sobre algo que es crucial, vital, para las
decisiones empresariales.
De
las cinco fuerzas de Porter, herramienta fundamental para entender
el entorno competitivo y los vectores que desde el exterior influyen
en empresas de un mismo sector, el análisis estratégico ha
profundizado en investigar por qué dentro de un mismo sector
empresas individuales obtenían ventajas competitivas diferenciadas.
Por esta razón, y por estar más acorde con la teoría económica
de la empresa, el estudio de la estrategia avanzó hacia el
paradigma de la estrategia basada en los
recursos que posee, o los que debe adquirir para competir: el
“Intento Estratégico” de Hamel y Prahalad, que desemboca en las
“Competencias Esenciales” o básicas, concepto acuñado por
dichos autores en su ya clásico “Competir por el Futuro”.
Gary
Hamel ha seguido trabajando e investigando estas cuestiones y en
1998 escribe que aunque todos sabemos que estamos en una nueva
economía, en una revolución industrial tan o más profunda que la
que nos trajo la Edad Moderna, la cuestión estratégica es quién
obtendrá ventajas, quién se beneficiará de ella. ”Qué compañías
navegarán en los nuevos vientos del cambio y cuáles encallarán en
los acantilados de la irrelevancia”.
La
industria de la estrategia -añade Hamel-, todos los consultores,
profesores de escuelas de negocios, autores y ejecutivos, tienen un
pequeño e inconfesable secreto. Todos reconocen una estrategia
cuando la ven. Cuando se utiliza el método del caso profesores y
alumnos muestran diseños estratégicos admirables, o ridículos,
pero son siempre explicaciones “ex-post” de lo que ha ocurrido y
los ejemplos de éxitos o de fracasos competitivos son
llamativamente atractivos. Sabemos cómo coleccionar mariposas
alfilereándolas pero los casos y las bibliotecas son museos de
especímenes muertos. Dicho de manera simplificada, identificamos la
estrategia como “una cosa”, algo que alguien ha identificado y
coleccionado. Otros asimilan estrategia
a planificación pero la planificación no produce estrategia,
produce planes como ha demostrado Mintzberg. Quienes trabajamos en
la “industria de la estrategia” sabemos muy poco acerca de cómo
se crea, cómo se diseña.
Como
Mintzberg afirma, la estrategia “emerge” pero esta naturaleza
emergente no debería impedirnos descubrir precisamente cuáles son
los procesos o las condiciones que la hacen posible.
Si
nos adentramos en el concepto de las empresas como sistemas vivos y
complejos, seguramente no podremos decir que la estrategia surge
desde la cúspide de la organización pero tampoco que es el
resultado de variaciones azarosas. Ni el funcionamiento de la Bolsa
ni de Internet podrían ser posibles con diseños de arriba-abajo.
Lo que ocurre en estos casos se denomina “orden sin una intervención
detallada o cuidadosa” y éste podría ser el objetivo del proceso
estratégico. Como todas las manifestaciones de la complejidad, la
estrategia se coloca en el borde entre el orden perfecto y el caos
total, entre la eficacia más absoluta y la experimentación ciega,
entre la autocracia y la adhocracia. Si creemos algo de esto,
convendremos en que tiene implicaciones muy profundas acerca de cómo
pensamos estratégicamente. Cuenta Gary Hamel una historia sobre cómo
los seres humanos desarrollaron su gusto por la carne asada:”Un día
un cerdo salvaje se adentró en una choza y fue alcanzado por un
rayo; la choza empezó a arder y un ser humano revolviendo los
restos chamuscados, tocó el cerdo, se chupó el dedo y ¡ voila!.
Muchos investigadores estratégicos también revuelven las cenizas
y se dicen: ”He ahí cómo una idea consigue abrirse paso
en una organización esclerótica, durante meses o años y
finalmente consigue cambiar la estrategia de la compañía” Pero
quizá podríamos hacer algo más para hacer menos árduo el camino
que va desde la intuición a la estrategia formalizada. Es posible
que podamos incrementar sustancialmente las probabilidades de que
cuando nos topáramos con algo o tuviéramos alguna idea, lo tradujéramos
en acciones deliberadas.
Para
Gary Hamel hay cinco procesos que pueden ayudarnos en este empeño:
-
Experimentos
nuevos. Abordar proyectos pequeños y con riesgos controlados
asumibles por la organización.
-
Pasiones
nuevas. Liberar el profundo significado de descubrir que tenemos
casi todos los seres humanos. Sólo nos oponemos al cambio
cuando no nos ofrece oportunidades nuevas. Se habla mucho ahora
del ROE, pero también deberíamos hacerlo del retorno de la
inversión emocional.
-
Voces
nuevas. Incorporar al proceso estratégico “material genético”
nuevo, lo que significa que la cúspide directiva ya no tiene el
monopolio de la creación estratégica. Tiene que incluir a
quienes están “en la frontera”, en los límites de la
organización; un proceso plural y profundamente participativo.
-
Conversaciones
nuevas. Crear diálogos estratégicos que abarquen los límites
organizativos y sectoriales usuales, incrementa la probabilidad
de que surgan nuevas intuiciones estratégicas. Demasiado
frecuentemente, y sobre todo en las grandes corporaciones, las
conversaciones se petrifican a lo largo del tiempo, las mismas
personas hablan entre sí, sobre las mismas cuestiones año tras
año. Cuando se yuxtaponen conocimientos previamente aislados
surgen oportunidades para ver nuevas líneas estratégicas.
No
creo que sea mera casualidad ver cómo convergen los trabajos y las
investigaciones de Gary Hamel y de Peter Senge fundador de la SoL.
En el número correspondiente a la primavera de 2000 de la revista
de la SoL “Reflections” aparece una entrevista con Gary Hamel.
Afirma éste que es más un teórico que un empirista; que su
trabajo consisten en pensar acerca de cómo está organizado el
mundo. Lo que hago -continúa Hamel- es ayudar a desarrollar un
juego de lentes y de perspectivas nuevos. Para mí, la investigación
más valiosa no es la que está suficientemente probada hasta el
punto de llegar a conclusiones inequívocas, sino aquélla en la que
las personas adquieren esos lentes nuevos. Creo que la estrategia
consiste en una acción colectiva con la finalidad de producir
riqueza económica y significado individual. Está íntimamente
relacionada con las personas en y de las organizaciones. Las
fronteras entre estrategia y organización son cada vez más
difusas. Si en los últimos 15 años la estrategia estaba más próxima
a la economía y al marketing, en los próximos 15, se acercará al
comportamiento de las organizaciones y a la teoría cognitiva.
Si
comparamos los cinco componentes que propone Gary Hamel para
facilitar la emergencia de los diseños estratégicos con las cinco
disciplinas del aprendizaje de Peter Senge -las que la SoL desea
promover- la coincidencia es asombrosa.
Cuando
Hamel cita las “pasiones nuevas” y los “puntos ciegos” de
las cuestiones emergentes que aún no tienen respuesta, básicamente
se refiere a dos: La teoría de la creación estratégica y la
naturaleza del vínculo entre el propósito individual y el
colectivo de la organización. Algunas de las cinco disciplinas del
aprendizaje según Senge -el dominio personal, la visión compartida
y el trabajo en equipo-
pretenden resolver esos puntos ciegos.
El
aprendizaje para primero descubrir los modelos mentales y luego
poder compartirlos está íntimamente relacionado con las voces
nuevas que Hamel recomienda descubrir para diseñar estrategias
realmente competitivas.
Finalmente,
conversaciones estratégicas nuevas. Creo que éste podría ser uno
de los proyectos más interesantes de SoL España. Los resultados de
cualquier organización están determinados por los entramados de
los compromisos humanos que surgen de entramados de conversaciones
humanas. Se pueden mejorar los diseños estratégicos si se mejora
el contenido de las conversaciones sobre los asuntos que realmente
importan. Los que trabajamos en la SoL entendemos, al igual que Gary
Hamel, que las conversaciones son procesos de aprendizaje
esenciales. Incluso se denominan “meta-habilidad” en el sentido
de que son la habilidad previa y superior para adquirir otras. Entre
otros asuntos, las conversaciones que nos proponemos abordar en SoL
se refieren a:
-
¿Cómo
puede el equipo directivo pensar más creativamente acerca de
las cuestiones estratégicas esenciales que afectan a nuestro
presente y a nuestro futuro?
-
¿Cómo
podemos crear entornos que nos faciliten poner en cuestión los
supuestos subyacentes y las creencias de forma que pueda surgir
una nueva y genuina visión estratégica?
-
¿Cómo
podemos crear esquemas mentales compartidos que nos ayuden a
alinear y ajustar nuestros recursos para alcanzar nuestras
metas?
-
¿Sabemos
cómo re-enmarcar las preguntas esenciales para que puedan
“viajar bien” a través de todo el sistema?
-
¿Cómo
podemos implicar el conocimiento de todos nuestros colegas de
todos los niveles en las iniciativas empresariales esenciales?
-
¿Cómo
podemos hacer posible la sostenibilidad, es decir seguir
contando con empresas cada vez más eficientes y productivas, al
tiempo que atendemos las necesidades personales y sociales más
imprescindibles y utilizamos
los recursos físicos y medio-ambientales sin destruirlos?
Según
la conocida matriz del conocimiento de Nonaka y Takeuchi, el
conocimiento tácito es aquél en el que no se sabe lo que se sabe.
El anterior presidente de ABB dijo una vez que si su compañía
pudiera saber lo que sabe, ABB sería imbatible. Pues bien, parece
que la única forma de poder acceder a ese conocimiento -a veces el
más valioso- consiste en la socialización porque es través de
ella, utilizando la conversación, como llegamos a conocer lo que
otros ya saben aunque a veces tampoco sepan que lo saben.
Estoy
convencido de que utilizando conversaciones inteligentes, chats
inteligentes a través de www.gestiondelconocimiento.com podemos
mejorar las opciones estratégicas fundamentales: Quiénes
(el tipo de clientes en el que nos centraremos); qué
(los productos que ofreceremos); y cómo
(las actividades que desempeñaremos). Para acertar en la
respuesta a estas tres preguntas las empresas tienen que decidir el
entorno interno que necesitan crear , desde una posición sistémica,
integradora, de la organización. De ahí el interés de la
“quinta disciplina”- el pensamiento sistémico- que deseamos
difundir desde esta SoL virtual que pretendemos lanzar desde
www.gestiondelconocimiento.com.
Arie
de Geus, nos acompañó hace unos meses en la presentación de SoL
en Madrid (Euroforum). Hace tiempo que planteó una cuestión
esencial para el aprendizaje organizacional. Arie extrajo una lección
de las pautas que observó. La demora, el gap, entre escuchar un
mensaje y reaccionar ante él, lo cual le hizo concluir que la
cuestión fundamental no es si una compañía aprenderá o no, sino
con qué rapidez, y acuñó la frase siguiente: ”la única ventaja
competitiva que tendrá la compañía del futuro será la habilidad
de sus directivos para aprender más rápidamente que sus
competidores”. Desde aquí, Arie emprendió la búsqueda de nuevos
modelos de aprendizaje y, entre ellos, siguiendo el modelo del
Instituto Tavistock de Londres, introdujo los “objetos
transicionales” en forma de juegos que él mismo denomina “micromundos”,
construidos con los modelos mentales individuales de los directivos.
Ciertamente estos modelos no representan el mundo real pero sí
el modelo de la realidad que tiene el grupo. Lo explica con
mucha mayor amplitud y precisión en su conocido artículo
“Planning as Learning” publicado en 1988 en la Harvard Business
Review.
En
esta SoL virtual, complementada cuando sea necesario por reuniones,
podríamos desarrollar habilidades y herramientas para aprender más
rápidamente que nuestos competidores utilizando cuando sea
necesario algunos “micromundos” existentes, como “El juego de
la cerveza” y quizá más adelante diseñando otros desde nuestra
propia realidad nacional. O desarrollando metodologías como la
creación de escenarios en las que a veces -y hablo por mi propia
experiencia- el “objeto transicional” es el consultor que
presenta un modelo de escenario para que sea discutido, a veces
abatido a cañonazos- porque en eso consiste ser “objeto”- para que el escenario final no sea el producto de alguien ajeno a
la empresa sino salido de las personas que la integran.
SoL
Internacional está muy preocupada por la sostenibilidad del
crecimiento según los parámetros actuales. Hace unos meses, el
“Grupo de Trabajo del Manifiesto para el Siglo XXI” que funciona
en el MIT, publicó un documento titulado “¿Qué es lo que
queremos realmente?” en el que invita a reflexionar acerca de lo
que queremos como individuos y como sociedades. Además de la
sostenibilidad desde el punto de vista de la utilización de
recursos naturales y medio-ambientales, se habla de organizaciones
socialmente sostenibles, en las que sea compatible la eficiencia
económica con la equidad deseable. El documento también aborda la
necesidad de que las organizaciones sean sostenibles desde el punto
de vista personal porque los modelos de vida profesional y de vida
personal están a veces tan distantes que pueden dar lugar a
alteraciones que afectan gravemente a una u otra. Con las tensiones
demográficas que vamos a vivir en los próximos años, la cuestión
ya no será cómo reclutar personas valiosas sino cómo retenerlas
para que la organización logre sus objetivos. Estamos viendo ya
casos de abandono o de no incorporación de individuos -generalmente
los más valiosos- a empresas que no ofrecen esa necesaria
compatibilidad entre vida personal y trabajo. Y quizá esto no ha
hecho más que empezar. En SoL gestiondelconocimiento.com podríamos
abordar este problema.
En
cuanto a la metodología, SoL cree que aprender es trabajar y que
trabajar es aprender, de forma que no abordaremos programas que no
estén estrechamente relacionados con situaciones o preocupaciones
que surgen de la práctica del trabajo. No estamos por desarrollar
teorías, aunque lógicamente nos basamos sólidamente en ellas.
Éste
es el proyecto de SoL que les presento desde mis intereses y desde
mi trabajo en el campo de la estrategia.
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